Despertaré cerca del amanecer. Quiero levantarme antes que el sol y caminar lentamente hacia la vía del tren. Contaré cada uno de mis pasos y al llegar dejaré una moneda sobre los raíles. No tengo la suficiente fuerza para doblar una moneda por la mitad, pero sé que el tren, al pasar por encima, podrá hacerlo. Esperaré con paciencia la muerte de la moneda y tras ello desharé mis pasos de nuevo hacia el sueño.
En el camino me encontraré contigo. Una pequeña esfera azul me sonreirá desde el suelo e imaginaré el canto de una sirena ciega en mi mente, demasiado lejana.
No hay fuego en el viento. Tampoco sal.
Solo hielo.
La tormenta arrancó el tejado que aún suelo imaginar cuando cierro los ojos. El Cinco raja estómagos con su simple existencia. Cuánto me ha costado entenderlo…
Todo el silencio que he guardado se ha vuelto en mi contra. Ahora necesito el arrullo del río, el grito del acero.
Hay tanto que debería haber callado… Tanto que contarte…
Estupidez presente entre mis dedos, borra esa sonrisa. Un pez flota en el aire, y prefiero seguirle a él.
Pero no te vayas que acabas de llegar!
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