miércoles, 27 de abril de 2011

Polar.

Duerme el mundo.
Las páginas lloran desconsoladamente y la lombriz se retuerce al sentir las frías púas clavándose en sus entrañas.
Un golpe ancestral retumba una y otra vez en lo más profundo de un estómago vacío.
Y el cielo muere.
Duerme el mundo, y no quiere despertar.

lunes, 18 de abril de 2011

miércoles, 6 de abril de 2011

Azul chocolate.

Recojo montones de ceniza con mis manos, intento aplastarlos y crear un cubo compacto con ellos aun sabiendo que solo conseguiré tiznarme la piel. Pero me gusta hacerlo. Creo que debería lavarme las manos…

Y mientras, recordaré la noche en que me salvó. Siempre había creído que mi salvador sería un pintor, músico o escritor. Quizá simplemente una buena amiga. Lo que nunca había alcanzado a imaginar era que mi salvadora sería una serpiente.

De vez en cuando nuestra piel se cae. Para ella es natural, pero a mí me produce un dolor punzante, casi espasmódico. Y no puedo gritar, solo apretar las mandíbulas y esperar a que pase… que pase pronto. Y cuando se marcha lo echo de menos, y deseo recuperar mi piel para volver a perderla de la misma forma.

Mi pequeña serpiente se ríe de mí. Se enrosca en mi cuerpo y me llama estúpida. Siempre me hace sonreír. Cuando mi piel se cae ella recoge los pedazos y los guarda en una pequeña urna, para mostrármelos cuando me olvido de ellos y obligarme a entender que era algo insignificante comparado con el dolor que me había provocado.

Yo solo puedo asentir y sonreír. Ella quiere ayudarme, pero a veces desearía tanto que pudiera sentir el cambio de piel de la misma forma que lo siento yo. Solo así podría comprenderlo, solo así podría entender que realmente duele. Quisiera haber nacido con su misma suerte y poder ignorar cada vez que una parte de mí se desprende.

Y aún así solo puedo darle las gracias por enroscarse sobre mí y permanecer así hasta que el último milímetro de mi piel ha caído, y entonces sonríe conmigo y me libera ligeramente de su presa con una suave caricia. Y, una vez más, el proceso vuelve a comenzar.

viernes, 1 de abril de 2011

Debilidad.

Abren de nuevo. Una vez, y otra. No quiero que abran más, ¿porqué no me escuchan? No quiero que vuelva a abrirse esa puerta, ni sentir más miradas sobre mí.

El negro me mata. Afuera quema el sol, arden las calles y las mujeres caminan deprisa sobre altos tacones. Aquí solo hay color negro. Quizá pinceladas de gris.

No abráis.

Todo se vuelve turbio. He vuelto a hacerlo, no debería estar haciendo esto. No así, ni ahora. Nunca fui débil.

¿Por qué no vuelve? Quiero que vuelva, le gritaría si pudiera. ¿Por qué no viene a buscarme?

Mi mano derecha sangra. También mi labio inferior. Heridas superficiales que mañana no recordaré. Quisiera poder vendar mi corazón. Mi estómago y mis pulmones.

Mis pobres pulmones llenos de humo. Saboreo el humo en mi lengua… no es el sabor que buscaba.

Odio cada nota musical. Las odio porque me han obligado a amarlas.

Odio cada tono de tu voz. Recuerdo la suya, y la odio también.

Odio cada ola del mar. Cada gota que resbala por mi espalda. Cuánto las odio y cuánto las necesito. Y no quiero que se marchen. Aún no…

Necesito cerrar todas las ventanas. Aplastar todas las hormigas. Hormigas que trabajan, construyen, sobreviven. Debí ser una hormiga.

Me hundo en un sueño que jamás soñé, un sueño que jamás fue mío. Lo robo sin escrúpulos, lo aplasto contra mi pecho y él finge pertenecerme. Es un buen momento para morir. Pero nunca tuve tanta suerte.

Náuseas. Hierro y pintura. Astillas en mis dedos. Grafito. Sal.

Frío.

Azul. Verde. Negro de nuevo.

Todas mis muñecas se rompieron. Todas. Dudo que jamás lleguen a sanar, las sometí a demasiada presión.

Una vez soñé con una goma que pudiera borrar mi cuerpo.

Y añoro el verde del olvido. El amarillo del jarabe.

Grítame que me odias, solo una vez más. Cuánto quisiera devorarte.

Recuerdo que la encontré con la cabeza enterrada en una maceta y sentí envidia. No podía escuchar nada desde allí, era libre.

Si pudiera volar cortarían mis alas.

Cortadlas y aún podré lanzarme al vacío.

Pero sigo a salvo. Nadie volverá a abrir la puerta. Ya nadie podrá encontrarme jamás.