viernes, 1 de abril de 2011

Debilidad.

Abren de nuevo. Una vez, y otra. No quiero que abran más, ¿porqué no me escuchan? No quiero que vuelva a abrirse esa puerta, ni sentir más miradas sobre mí.

El negro me mata. Afuera quema el sol, arden las calles y las mujeres caminan deprisa sobre altos tacones. Aquí solo hay color negro. Quizá pinceladas de gris.

No abráis.

Todo se vuelve turbio. He vuelto a hacerlo, no debería estar haciendo esto. No así, ni ahora. Nunca fui débil.

¿Por qué no vuelve? Quiero que vuelva, le gritaría si pudiera. ¿Por qué no viene a buscarme?

Mi mano derecha sangra. También mi labio inferior. Heridas superficiales que mañana no recordaré. Quisiera poder vendar mi corazón. Mi estómago y mis pulmones.

Mis pobres pulmones llenos de humo. Saboreo el humo en mi lengua… no es el sabor que buscaba.

Odio cada nota musical. Las odio porque me han obligado a amarlas.

Odio cada tono de tu voz. Recuerdo la suya, y la odio también.

Odio cada ola del mar. Cada gota que resbala por mi espalda. Cuánto las odio y cuánto las necesito. Y no quiero que se marchen. Aún no…

Necesito cerrar todas las ventanas. Aplastar todas las hormigas. Hormigas que trabajan, construyen, sobreviven. Debí ser una hormiga.

Me hundo en un sueño que jamás soñé, un sueño que jamás fue mío. Lo robo sin escrúpulos, lo aplasto contra mi pecho y él finge pertenecerme. Es un buen momento para morir. Pero nunca tuve tanta suerte.

Náuseas. Hierro y pintura. Astillas en mis dedos. Grafito. Sal.

Frío.

Azul. Verde. Negro de nuevo.

Todas mis muñecas se rompieron. Todas. Dudo que jamás lleguen a sanar, las sometí a demasiada presión.

Una vez soñé con una goma que pudiera borrar mi cuerpo.

Y añoro el verde del olvido. El amarillo del jarabe.

Grítame que me odias, solo una vez más. Cuánto quisiera devorarte.

Recuerdo que la encontré con la cabeza enterrada en una maceta y sentí envidia. No podía escuchar nada desde allí, era libre.

Si pudiera volar cortarían mis alas.

Cortadlas y aún podré lanzarme al vacío.

Pero sigo a salvo. Nadie volverá a abrir la puerta. Ya nadie podrá encontrarme jamás.

1 comentario:

  1. Sos de las personas más fuertes que conozco, pero nadie es de hierro. Y a veces las cosas hay que sacarlas y putearlas y estrujarlas con las manos y con la mente para comenzar a sanar. O como mínimo a escupir el veneno que se ha ido acumulando en la boca.
    Hacerte la dura no te va a aliviar, sino que va a dejarte con toda la rabia dentro. Recuerda que las muestras de debilidad a veces vienen de los valientes, y por experiencia propia te digo que una hora de llanto alivia mucho más que una noche de comedura de coco (mi mamá me decía que el llanto limpia por dentro, y que si no lo sacas te enfermas... Yo era chica y me lo crei :D)
    Además, si cierras la puerta yo la voy a echar abajo! Y te voy a sacar a tomar el sol, aunque te pongas toda roja como una gamba.
    Un besote, rubita! (Sí, como te dice la Rosa, no?)

    ResponderEliminar