Duerme el mundo.
Las páginas lloran desconsoladamente y la lombriz se retuerce al sentir las frías púas clavándose en sus entrañas.
Un golpe ancestral retumba una y otra vez en lo más profundo de un estómago vacío.
Y el cielo muere.
Duerme el mundo, y no quiere despertar.
Joer, alegría mujer, alegría! Me siento zombie!
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