-¿Qué quieres de mí? -pregunté inundada por el pavor.
-Tan solo que aceptes lo que traigo para ti.
Tom metió la mano bajo su gabardina blanca y extrajo una especie de esfera amarilla cubierta de finísimas púas azules. Durante un segundo la observé con curiosidad, pero de pronto, con un movimiento increíblemente rápido y fugaz, Tom golpeó mi vientre con el puño e introdujo la pequeña esfera en mi estómago.
Un ardor punzante invadió todo mi cuerpo, como el dolor más intenso e insoportable que jamás hubiera podido imaginar. Tom articuló una media sonrisa y yo cerré los ojos rezando para que todo aquello acabara cuanto antes. Por un segundo deseé que la luz al final del túnel apareciera pronto.
No recuerdo cuando ni porqué, pero desperté.
Comprobé que poco a poco podía incorporarme y decidí salir de allí tan rápido como me permitieran mis piernas.
Pasaron los años y Tom se convirtió en un vago recuerdo. Pero entonces, al atardecer de un día cualquiera en el mundo, una esfera puntiaguda brilló a mis pies, semioculta entre la hierba.
"No puede ser..." me lamenté mentalmente cuando la insoportable voz de Tom habló a mis espaldas.
-Hola de nuevo.
Tom se inclinó y tomó la esfera del suelo. Apreté los puños y me preparé para lo que Tom había traído de nuevo para mí.
-¿Preparada?
-Antes dime que esta es la última vez que voy a tener que encontrarme contigo.
-Perhaps -susurró con cariño-. Perhaps...
Me da mal rollete el tema de la esfera con puntas, me viene a la mente una imagen de juguete sadomaso no muy agradable. Seguro que el tal Tom se merece unas cuantas en los bajos. De todos modos, siempre se puede decir que no al dolor.
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