martes, 21 de septiembre de 2010
Evaporación.
Elizabeth se despertó la tercera mañana de octubre con la compañía del calor de Alex. Su dulce y cálido olor había quedado impregnado en sus sábanas y ella, aún con los ojos cerrados, giro sobre su propio cuerpo para buscar al chico a lo largo de la cama. Pero al alargar sus brazos solo pudo encontrar el vacío. Abrió los ojos y de pronto todo se desvaneció: allí ya no quedaba ni un ápice de su olor, ni de su calor, ni de la esencia de Alex. Nada de él había sobrevivido al paso del tiempo. Y entonces Elizabeth recordó el día en que recibió aquella fatídica llamada. El día en que incluso antes de descolgar el teléfono supo que algo marchaba mal. El día en que la voz rota de su hermana Alice le anunció lo peor. Y recordó cómo había imaginado el cuerpo sin vida de Alex tendido sobre una helada sábana como la que ahora la envolvía a ella. Recordó el día en que Alex se marchó, y se hundió en la cama ocultando el rostro entre sus brazos y deseando no despertar nunca más.
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Que bonito pero que triste :(
ResponderEliminarPor cierto, bonitos peces! jaja
me gusta como esta redactado..
ResponderEliminarPero como apreciación, me a mantenido enganchado hasta...
allí ya no quedaba ni un ápice de su olor, ni de su calor, ni de la esencia de Alex. Nada de él había sobrevivido al paso del tiempo.
A partir de aquí se resuelve muy rápido, no deja nada a la imaginación.
Podrías retomar el escrito con un toque de fantasía, creo que quedaría muy chulo.