Anoche Evan abrió la segunda puerta del corredor. Y tal y como esperaba, me encontró allí. Aunque algo había cambiado. En la habitación y en mí.
-Sigues aquí -susurró escudriñando la oscuridad en busca de mis ojos.
-Creo que es evidente -gruñí revolviéndome para intentar inutilmente señalar las cuerdas que me ataban estrechamente.
-Pero ya no luchas. Ya no intentas liberarte.
Levanté lentamente la cabeza y dejé que nuestras miradas se cruzaran. Odiaba a Evan, lo odiaba con toda mi alma y sentía como el fuego consumía mis entrañas. Detestaba aquella mirada cruel y siniestra que disfrutaba viéndome sufrir.
-¿Porqué debería seguir luchando?¿Para qué negarme que nada de lo que yo pueda hacer me sacará de aquí? No tengo poder contra ti. No tengo nada que ofrecerte, nada te hará cambiar de opinión.
Evan me miró fijamente y una sonrisa irónica se dibujó en sus labios. Agaché la mirada de nuevo y deseé que me diera su golpe final. Que acabara con todo aquello.
-Entonces lo aceptas -jadeó lleno de placer con su voz rota-. Por fin aceptas que eres mía y que tu vida me pertenece.
Evan movió lentamente su dedo índice y las cuerdas se apretaron con más fuerza alrededor de mi cuerpo. Un sollozo incontrolado se escapó de mi garganta y ya no pude seguir luchando con el dolor.
-Sí... sí Evan, ya lo sé... Ya sé que jamás volveré a ser libre -las lágrimas resvalaron por mis mejillas y cerré los ojos con fuerza intentando parar el llanto-. Ya sé que soy tuya.
-Veo que por fin lo has comprendido.
Y entonces Evan abrió sus puños, y de pronto las cuerdas se aflojaron hasta deslizarse de mi cuerpo y caer al suelo, inhertes.
No se si sería capaz de seguir una historia completa como esta sin perderme pero me gusta haha :)
ResponderEliminarSi, es mía la foto :) Todas las fotos que subiré serán mías a no ser que las diga para que no te ralles jaja
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